Si nos proponemos adoptar una descripción de qué hace la publicidad,
creo que la más exacta es precisamente esta:
“Estamos tan ocupados midiendo la opinión pública
que nos olvidamos de que la podemos moldear.
Estamos tan ocupados escuchando las estadísticas
que olvidamos que las podemos crear”
Cambiar las cosas.
Cambiar las opiniones y las acciones del público.
Cambiar lo que es, por lo que queremos que sea.
Cambiar y fortalecer el
valor de una marca.
Cambiar las preferencias por productos o servicios
que ofrecen otros, por la preferencia hacia los productos y servicios
que ofrecemos nosotros.
Cambiar un precio por otro.
Cambiar unos beneficios
del anunciante por más beneficios del anunciante.
Porque si nos planteásemos
la publicidad sin contar con que sirve para cambiar las cifras y las actitudes,
resultaría que estaríamos gastando un dinero en no-sé-qué-tipo de adorno...
pero no en publicidad.
La publicidad lleva consigo la ambición, una ambición
concreta para cada campaña, y para cada anuncio en cada medio.
Bill Bernbach (1911-1982), no escribió formalmente
ningún libro, y lo que sabemos de él es lo que fué exponiendo a lo largo
de su vida a través de su propia obra publicitaria y de sus declaraciones
en entrevistas o en conferencias. A él no podemos buscarle en la biblioteca
sinó en la hemeroteca, y su pensamiento lo tenemos doblemente reflejado
tanto en las páginas editoriales de los periódicos y revistas como en
los anuncios.
El conjunto de ese material nos permite dar resumidamente, en diez minutos,
los principios básicos de la publicidad efectiva. Una introducción de
la mano del maestro mejor cualificado de la historia.
Para Benoît Devarrieux, como para el conjunto
del clan de los publicitarios, "Bernach es el padre fundador".
Para qué sirve la publicidad
Afirmaba Bernbach: El
corazón de la creatividad, su disciplina básica, es vender. Repito: el
propósito de la publicidad es vender. Por ello paga el anunciante. Y si
este objetivo no impregna toda idea que tengas, cada palabra que escribes,
cada foto que haces, estás equivocado y será mejor que cambies de oficio.
Para llevar a cabo su carrera hacia la perfección de este objetivo, en
1949 fundó, en Nueva York, Doyle Dane Bernbach, cuya razón de ser exponía
entonces Ned Doyle: "Queremos ser una agencia con unos principios en los
cuales podamos creer. Ser perfectamente honestos con nuestros clientes.
Proporcionarle a cada cual el trabajo que creemos que debe tener, hecho
para amoldarse a sus objetivos. Ser expertos en cómo hay que ofrecer el
producto al público".
Esa responsabilidad que asume el experto la describe
Bernbach: No permitimos a ningún cliente que nos diga como tenemos
que hacer el anuncio. Creemos que sería malo para él. Sabemos que nunca
sabremos tanto sobre el producto como el anunciante, pero también creemos
firmemente que él no sabe tanto sobre publicidad como nosotros.
Así que abrió su agencia en la misma época en que empezaba la historia de
la publicidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, tras los comienzos, en
1945, de la televisión en Estados Unidos, y justo en el momento en que
las agencias se daban cuenta de que aquel nuevo medio presentaba una serie
de problemas para anunciar que no se resolvían con los "bustos parlantes"
que ilustraban con su imagen en la pequeña pantalla lo que hasta entonces
habían sido anuncios en radio.
Nacía así la era de la publicidad propiamente
dicha: Con una reflexión y un estudio a fondo que empezaría para la televisión
pero que se extendería a los anuncios para todos los medios, y a todas
las facetas de la profesión, y conduciría a un nuevo y definitivo desarrollo
de un oficio de contenidos tan complejos como es la publicidad.
A Bernbach se le admiraba sobre todo por sus hallazgos en el área de la creatividad,
pero ahora vemos que en realidad su filosofía abarca todos los aspectos
del trabajo publicitario para dar cumplimiento a la función que ha de
tener esa arma del márketing para que sea poderosa y fiable.
La necesidad de conectar las acciones publicitarias
a los planes de marketing, y por lo tanto de definir qué es lo que necesitamos
comunicar en los anuncios: lo que habitualmente suele llamarse 'copy strategy'.
Pero con la conciencia de que la publicidad no acaba ahí, sinó que es
necesaria una manipulación, una tansformación del mensaje para convertirlo
en una potente y efectiva comunicación: No es sólo lo que dices,
lo que mueve a la gente. Es la manera en que lo dices. De lo contrario,
gastamos millones en tratar de hallar la cosa mejor que pueda decir un
producto. Pero eso no nos da la respuesta. Es sólo el principio.
La necesidad de la creatividad
Y de ahí surge la necesidad de esa palabra ¿mágica?, ¿polémica?, ¿misteriosa?, ¿arbitraria?: la creatividad.
La creatividad, ¿es una forma de arte oscura
y esotérica?. Jamás. Es la cosa más práctica que un hombre de negocios
pueda emplear.
Práctica, sobre todo porque es capaz de ahorrar mucho
dinero al anunciante y optimizar su inversión. Si no fuera así, la creatividad
podría limitarse a ser un tema culto y ameno de la publicidad, pero lo
que aquí importa es los hechos, la economía, la seguridad.
Practicada adecuadamente la creatividad puede
dar como resultado más ventas logradas de manera más económica. Practicada
adecuadamente, puede levantar lo que tu dices del producto por encima
del pantano de la uniformidad y hacer que sea aceptado, creido, persuasivo,
urgente.
Pero Bernbach no ve la
creatividad como un instrumento que solamente manejan los creativos de
los anuncios, sino que la ve como una cualidad necesaria que necesitan
y usan los buenos gestores de las empresas.
Nunca he comprendido por qué la gente piensa
que se tiene que saber escribir o pintar para ser creativo.
He tratado con algunos directivos de marketing,
con algunos jefes de empresa, que son mucho más creativos que la mayor
parte de los redactores publicitarios y directores de arte que conozco.
Porque hallan maneras nuevas, frescas, de alcanzar
una meta y conseguir un efecto.
Y añade esta reflexión que
todos nos habremos hecho alguna vez:
Es una ironía, sabes, que esa cosa intangible
y difícil de medir, -el frescor y la originalidad, - sea una herramienta
tan práctica para los negocios.
Creatividad para no caer en
la inoperancia de la rutina:
Una de las desventajas de hacerlo todo basándose
en la investigación es que al final todo el mundo hace lo mismo.
Circunstancia que ofrece oportunidades al directivo de empresa que decide actuar de
acuerdo con sus propios criterios creativos:
Las personas que llevarán las empresas de
mañana son las personas que comprenden que el futuro, como siempre, pertenece
a los atrevidos.
Publicidad e investigación de mercado
¿Quiere esto decir que Bernbach considera que la investigación y los datos del mercado no son necesarios?. Al contrario: es una constante en su pensamiento y en su trabajo la necesidad de disponer de información:
Mientras que el conocimiento tiene sus límites,
hay algo con aún más limitaciones: la ignorancia. Trabajar con ignorancia
puede llevarte al desastre.
Lo que a él le preocupa es que la investigación
sea utilizada equivocadamente. La investigación tiende a evitar que
pienses.
Tiende a hecerte sentir que tienes la respuesta.
No tienes la respuesta hasta que hayas sudado con los datos de la investigación
y uses tu propio criterio.
Es decir que si bien la buena intuición viene
del conocimiento, el riesgo está , por un aparte, en que la investigación
puede atraparte en el pasado; y, por otra parte, no suele ofrece
una ventaja para quien la maneja tal cual porque el conocimiento,
al fin y al cabo, está a disposición de todos.
Sólo la verdadera intuición, saltando del conocimiento
a una idea, es tuya y solo tuya.
No pidamos a la investigación que haga lo que
nunca fué su tarea como, por ejemplo, tener una idea.
Es decir que los hechos no bastan, sinó
que están ahí como una referencia necesaria para poder diseñar una estrategia
que tenga que ver con la realidad.
Es la realidad
la que, aplicándola en sentido inversa, sirve de contraste, de advertencia
y de consejera para poder tomar decisiones estratégicas. Bernbach ilustra
este pensamiento citando a Bertrand Russell:
"Cuando trabajo busco sentir que algo es de
una determinada manera. Luego utilizo las matemáticas para probarlo".
Y con ello llegamos a la copy strategy, con las
instrucciones concretas para el trabajo de los creativos publicitarios.
Que una promesa de beneficio tenga sentodo lógico no quiere decir
que funcione, advierte, para empezar.
Y también nos pone en guardia de no hacer lo que
vemos que otros hacen y les va bien: la imitación puede ser un suicidio
comercial.
Por otra parte, la publicidad funciona cuando
nos centramos en un solo mensaje, una única cosa a decir. Es mejor
no querer decirlo todo en un anuncio:
Un joven puso un telegrama a su novia y le dijeron
que tenía derecho a nueve palabras. Escribió: "Te quiero. Te quiero. Te
quiero. Te quiero. Recuerdos". Con 9 palabras podía haber dicho más
cosas pero fué mucho más efectivo al centrarse en una sola de manera original.
Y de la copy strategy, Bernbach nos lleva ya a
la fase de creación de la campaña: Ahora que ya tienes esa cosa sagrada
desde el punto de vista del negocio (el qué decir en el anuncio)
tenemos que hacerla indeleble en la mente de la gente. Es en este
sentido que la creatividad publicitaria se convierte en una cosa práctica,
la más práctica que cualquier cosa que hagas.
Para ello hay que informar debidamente a los creativos:
Defíneles el problema a los creativos.
Diles exactamente cuál es el público al que se
dirigen.
Diles qué hay que decir.
Dales toda la información que necesiten para poder
disciplinar su creatividad.
Como vemos, hay una relación estrecha
entre los propósitos y objetivos de la empresa y la oportunidad y finalidad
de cada acción publicitaria. Hay un diálogo intenso y una colaboración
entre el anunciante y la agencia.
Y la agencia, incluídos los creativos,
están especialmente preparados y disciplinados para servir con exactitud
el plan del anunciante:
El creativo publicitario ha enjaezado su imaginación:
la ha disciplinado de tal forma que cada pensamiento, cada idea, cada
palabra que lanza, cada línea que dibuja, cada luz y cada sombra en cada
fotografía que realiza, hagan más vivo, más creíble, más persuasivo el
tema originario o la ventaja del producto que se ha decidido que es el
más conveniente.
Y una de las frases más famosas de Bill Bernbach:
El creativo es como un tren: puede correr
todo lo que quiera, pero siempre sin salirse de la dirección que marcan
los raíles.
Llamar la atención
Al creativo le señala una primera
misión: ser visto, llamar la atención. No puedes vender algo a una
persona que no te ecucha.
El más perjudicial despilfaro de dinero en los
negocios es el que se gasta en quemar publicidad que jamás será vista.
Barnbach puso ya alerta acerca del poder destructor de la comunicación que tiene lo redundante, lo ya conocido:
Cuando intentamos llamar la atención nada
tiene tan asegurado el fracaso como presentar algo que el otro ya conoce.
Y, haciéndose eco de la certeza de las conclusiones experimentadas en psicología de la memoria, arremetía contra el efecto de la repetición de un anuncio, y contra teorías que habían imperado en algunos sectores de la publicidad según las cuales había supuestamente una relación directa entre el número de veces que se pasa un mismo anuncio y su eficacia:
La comunicación es un arte sutil que florece
con la frescura y se marchita con la repetición.
¿Quiere esto decir que todas las campañas de publicidad
han de ser pequeñas?. No, por supuesto, sino que un mismo mensaje ha
de ser contado de formas nuevas, frescas, y diestramente.
Repetir en exceso un mismo anuncio no tiene sentido.
La creatividad practicada correctamente puede
hacer que un anuncio realice el trabajo de diez.
(El texto y las imágenes son impactantes e inseparables,
el beneficio al consumidor es poderosamente claro e inolvidable, presentado
de manera que nadie puede pasarlo por alto. El anuncio salió una sola
vez: fué suficiente).
¿Y cómo se crea un anuncio?
Él nos recuerda que para hacer buenos anuncios no hay reglas:
Las reglas son prisiones.
Las reglas pueden meterte en líos.
Las normas son lo que el artista rompe.
Los principios perduran, las fórmulas no.
Para Bernbach es un principio, por ejemplo, el
que los instintos básicos dominan, hay que tener conciencia de los
fundamentos de la naturaleza humana que nunca cambian, de los instintos
que son siempre los mismos, de las motivaciones que tampoco cambian y
dan con ello un aliento de vida a los hechos.
Y con esto se refiere, por el contexto de sus enseñanzas, esencialmente a las dos ramas de la psicología y la biología que estudian por un lado las motivaciones, y por otro lado los procesos de percepción y memorización. De estos últimos entresacamos algunas citas ilustrativas:
Tienes que hacer que tus verdades sean emocionantes
y nuevas, o tus trabajos nacerán muertos.
Emociones, sensaciones
De ahí el valor de las
emociones:
Las emociones hacen sentir. Y sólo los sentimientos llevan a la acción.
Y no sólo para la acción tiene importancia
lo emocional, sino también en al acto mismo de percepción
del anuncio: Pasa una página y, antes de que llegues a comprenderla,
surge un sentiminento, hay una vibración.
Puedes decir lo correcto sobre un producto sin
que nadie te escuche. Tienes que decírselo de forma que la persona
lo sienta en sus entrañas.
Logicamente, y establecidos estos valores acerca
de qué es un anuncio y qué es lo que hace que éste
sea eficaz, a Bernbach le dejaban perplejo algunas prácticas, que
ya existían entonces, para estudiar y pre-testear la publicidad
antes de su publicación e incluso antes de su realización.
No se explicaba que de un storyboard se pudieran extraer juicios sobre
un proyecto de spot, precisamente porque está desposeído
de la cualidad de comunicar los efectos emocionales que son claves en
el anuncio: ¿Puedes realmente juzgar una idea a través
de un storyboard?. ¿Como storybordear una sonrisa?. Y esto
no era lo único que le preocupaba de esas prácticas investigadoras:
Estamos gastando tantísimo dinero en
estudios de eficacia, en medir cosas, que estamos adquiriendo más
capacidad de aburrir que nunca. Resulta que de ello salen los anuncios
"correctos en todo", en que todo es "bueno", pero
nadie los mira (esto lo decía en una entrevista publicada
en Control en 1965. Quizás estas palabras sigan siendo claves para
entender problemas de la publicidad de hoy).
Queríamos saber si la gente nos quería...
¡y ni siquiera nos odiaban! Se limitaron a ignorarnos.
Todo ello le permite formular otra de sus frases más citadas:
Nadie cuenta el número de veces que
pones un anuncio: sólo se recuerda la impresión que dejas.
Para dejar brillar con toda la intensidad y eficacia
el mensaje Bernbach, aplica también al trabajo creativo la misma
obsesión por simplificar que ya exigía en la copy strategy:
Nuestro trabajo es simplificar, eliminar lo que no tiene que ver con
el mensaje que queremos dar del producto.
Un principio de la buena publicidad es que no
sea concreta, precisa, solo para ser precisa. Deja que la precisión
de lo que dices sea tu sirviente, no tu amo.
Como trabajan los creativos
De ahí sacamos una consecuencia
a la que nos guía este autor. El creativo publicitario tiene una actitud
en su trabajo que no comparten necesariamente otros artistas: Así
como el escritor está preocupado por lo que escribe, el comunicador se
preocupa, además de por lo que pone en un trozo de papel, por lo que el
lector pueda obtener de ello.
El creativo no escribe, lee lo que escribe. No concibe un spot, sino que contempla y siente el spot que está concibiendo.
Calcula como recibirá el anuncio la persona a la que se dirige.
Calcula que el lector lee con su ego. emociones
y prejuicios, con sus urgencias y aspiraciones; y trama en su cerebro
la racionalización de los hechos hasta que se convierten en herramientas
de sus deseos.
El creativo controla este proceso segundo a segundo,
palabra por palabra.
Como sabes, cuando un padre habla de su hija
diciendo que es la más hermosa, la más bonita e inteligente, quien le
escucha sonríe con condescendencia. Hay tantos de nosotros que actúa así
con un producto, que la gente no les cree.
Y sin embargo, hay que basarse en lo que estamos
ofreciendo: La magia está en el producto. (Quizás, hoy, tal como
están las cosas, quisiéramos matizar esta sentencia añadiendo "o está
en la marca").
Otro de sus principios que repetía con frecuencia
es "el elemento más poderoso en la publicidad es la verdad", para
precisar que la verdad no es la verdad hasta que la gente no te cree.
Y no pueden creerte si no saben qué les estás diciendo.
Esta insistencia tanto en la necesidad funcional
de llamar la atención y comunicar correctamente el mensaje, como de centrarse
en hechos que objetiva o subjetivamente sean verdaderos hay que buscarla
en el respeto y afecto que Bernbach tenía por las personas. Para él la
publicidad no va dirigida a un target group o un segmento de la sociedad,
sinó a individuos: ¡Cada uno es un milagro!, decía. La gente
es maja como podamos serlo nosotros mismos, les recordaba a los creativos.
Es por esto que en los anuncios debemos decirles la verdad.
Y estaba convencido de la función social de esta profesión:
Todos los que somos profesionales de la comunicación
somos formadores de la sociedad. Podemos vulgarizarla, brutalizarla o
ayudarla para que suba de nivel. La práctica de este criterio se
aprecia en los trabajos que salían de la agencia cuya dirección creativa
estaba bajo su inspiración.
Como director creativo, cuando repaso y miro
el trabajo de mis creativos, lo hago como alguien que ha estado haciendo
lo que ellos hacen ahora, como alguien que conoce su problema. Nunca pongo
mi personalidad sobre nadie. Lo que trato de saber es el talento que en
particular tiene cada uno, y aprovecharlo, hacer que florezca.
El veía que la dirección creativa va más allá
de cada trabajo en concreto, para centrarse sobre todo en los creativos
como personas: Tienes que ser sensible a las necesidades de su ego. Lo
cual es natural. Es la naturaleza humana. Tienes que alimentar su
ego y, haciéndolo, le sacas provecho, porque están mejor y hacen mejor
trabajo.
Parece que se debe a Bernbach la estructura del equipo creativo: creativo director de arte y creativo redactor, mano a mano, sin diferenciación jerárquica. Cosa lógica, porque sabía por si mismo, como surgen las ideas. Siendo como era redactor, nos cuenta uno de sus directortes de arte, el mítico Helmut Krone que "Bernbach era una persona creativa, un publicitario. A veces pensaba en imágenes y después les ponía letras. Él podría decir: ¿Qué pasa si hacemos toda la página en negro?. Yo le podría preguntar: ¿Por qué, Bill, por qué?, y él me respondería: "No lo sé, deja que lo piense".
Decía: Si pones juntos a dos buenos creativos,
un director de arte y un redactor, a veces no sabes quien escribió el
texto y quien hace el arte.
El resultado de este modo de hacer lo constató David Ogilvy cuando en una entrevista explicaba que "Bill siempre lograba crear un ambiente donde florecía el talento. Un joven que escribía textos horrendos cuando estaba conmigo, hizo obras brillantes con Bill".
La convicción de que la calidad de una agencia es el resultado de un ambiente humano y profesional la expone el propio Bernbach:
La gente con la que trabajas en una buena
agencia debe reunir dos requisitos.
Número uno: Tiene que ser gente maja.
Y número dos, tiene que tener mucho talento.
Lo siento por el tipo amable pero que no tiene
talento: no vale para el negocio.
Y no doy ni cinco céntimos por todo el talento
que posea un hijo de perra: no le quiero. La vida es demasiado corta.
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